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Un 7 de julio del año 2006 una de las más enigmáticas figuras de la historia del rock partía a su último viaje psicodélico: Su nombre era Syd Barrett, a quien habían bautizado como «el diamante loco», que finalmente se apagó aquel día.

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En una carrera musical que ni siquiera pudo alcanzar los 10 años y que comenzó a mediados de los dementes 60’s, Barrett cambió para siempre la manera en la cual el público veía el rock and roll. Como primer líder de una banda conformada por jóvenes extraños de la Facultad de arquitectura llamada Pink Floyd, lanzó un álbum llamado «The Piper at the Gates of Dawn» que, como su nombre lo dice, abría los portones de un nuevo amanecer lisérgico para esa música que había empezado a conquistar corazones en los 50’s.

A través de sus vanguardistas experimentos sónicos y sus letras que nos hacían retornar a la inocencia manejando una bicicleta (Bike) o que nos transportaban al espacio contemplando las constelaciones (Astronomy Domine), el álbum debut de la banda que lideraba Barrett se convirtió en un manifiesto radical de algunas de las utopías que el verano del amor del 67 hacía parecer posibles.

Lamentablemente Syd no estaba preparado para cargar con el peso del éxito de su genialidad. Enemigo a muerte del estrellato, comenzó a consumir LSD en cada vez mayor cantidad para escapar de ese monstruo que había creado llamado: «Barrett, la estrella pop» y terminó sucumbiendo a la locura.

Más allá de eso pudo regalarle a sus devotos discípulos y seguidores dos humildes y dolorosos cantos de cisne en formato de álbumes llamados: «The Madcap Laughs» y «Barrett», cuyas canciones son como hermosas heridas abiertas de un artista que pagó un precio muy alto por la inmortalidad.

A mediados de los 70’s Syd había desaparecido de la escena, muchos músicos lo recordaban pero poco se sabía de él. Ni siquiera sus antiguos compañeros de Pink Floyd (que le habían reservado un lugar muy importante como fuente de inspiración para Dark Side of the Moon) tenían mayores informaciones hasta que durante las grabaciones de «Wish You Were Here», aquel extraño hombre gordo, pelado y con las cejas afeitadas se presentó en los Estudios Abbey Road donde estaban trabajando. Era Barrett, pero como el propio baterista Nick Mason dijo: «Lo único que seguía igual en él eran sus ojos, todo lo demás había cambiado».

Finalmente Syd Barrett dejó de brillar el 7 de julio de 2006. Su espíritu, su música y su obra no se apagarán jamás.

1 pensamiento sobre “Syd Barrett: 9 años sin el diamante loco

  1. The irony of «Wish You Were Here» being dedicated to Syd was that when he shewod up, unexpectedly, as they were cutting the tracks, it turned out that having him there was actually rather awkward for everyone. As long as he wasn’t there, they maybe wished he was, but as soon as he was there, um, well, how long are you in town for?Roger Waters, who’s a great lyricist when he’s on, grabbed many of those cryptic images («a cold steel rail,» «a cool breeze») from Syd’s songs on «Barrett» and «Madcap Laughs.» I’ve long since forgotten which came from where, but I remember noticing how these disarmingly simple phrases serve at the same time as an homage to Syd and an illustration of his mind’s turns. His state of mind cast a long shadow across Roger Waters’ lyrics, from «Dark Side of the Moon» through «The Wall» (at least).I’m sure some of the images in «Wish You Were Here» must be biographical as well, but I’ve never researched which were which.

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