Maná y la «Cama Incendiada» que hizo arder al Paraguay
Casi 15 minutos habían pasado de las 22:00, el grupo telonero – Abril – había finalizado su performance hacía más de media hora (en la que el vocalista y líder, Óscar Pintos, no perdió oportunidad para pedir apoyo a la causa #CambioEnAPAya, siendo ovacionado por el público) y la noche se hacía cada vez más larga, más calurosa, más húmeda.
A un tímido Alex González se lo vio aparecer de pronto, al costado de los telares que cubrían el escenario, tomando fotografías de la gente – como quien no quiere la cosa – y la ansiedad, en este punto, era la compañía de las más de 15.000 personas que acudieron al Estadio del Club Olimpia.
Las luces se apagaron. Los gritos de los fanáticos se volvieron ensordecedores y – al momento – cae el telar dejando ver a Fher, Juan, Sergio y Alex en sus respectivos lugares, arrancando con «La Prisión», uno de sus éxitos que, aunque novísimos, no dejaron de ser coreados en su totalidad por una enfervecida audiencia.
«Nos da muchísimo gusto estar esta noche y empezar esta parte de la gira en este país que nos ha dado tantas energías, tanta alegrías» – repetía – al igual que en la rueda de prensa – Fher Olvera, quien en toda la noche no paró de admirar tres cosas:
- La belleza de las Paraguayas
- Lo «afinado» que suena el público paraguayo al corear las canciones
- El gran aguante de la afición
Con los decibeles ya elevadísimos con esta primera canción, cualquiera se esperaría una seguidilla de temas nuevos – quizás no tan conocidos como el primero – para seguir la promoción del nuevo álbum. La sorpresa nació cuando de pronto, los arpegios de «Corazón espinado» – el clásico que habían grabado con el guitarrista Carlos Santana a finales de los 90’s, hicieron su aparición.
La noche siguió, tal como los habían anticipado, recorriendo todos los temas más emblemáticos de cada álbum de Maná. Con una puesta que incluyó desde animaciones (Adicto a tu amor), proyecciones, calaveras gigantes y hasta fuego (como es ya tradicional de la banda), el club Olimpia vibró al ritmo de los infaltables En el muelle de San Blás, Eres mi religión, entre otros.
Los melódicos Ironía y Mi verdad también fueron los protagonistas. Este último, grabado con la colaboración de Shakira Mebarak, contó con la proyección y pista de la artista en escena.
Luego de Clavado en un bar , aparecieron los momentos de virtuosísmo de la noche: Los tradicionales solos instrumentales. Primeramente, una muestra al más puro estilo power metal a cargo del guitarrista Sergio Vallín, quien con sus ágiles dedos dio una brillante demostración al mando de las 6 cuerdas.
Otro momento clímax de la velada se dió cuando Adans Lezcano, un afortunado guitarrista que ganó un concurso de preselección, tuvo la dicha de acompañar a sus ídolos en el tema – también siempre infaltable – Me vale, con voces de González. Un extraordinario duelo de guitarras junto a Vallín se dio en la pasarela del escenario y un fuerte abrazo con cada uno de los Maná fue la mejor despedida para este talentosísimo músico paraguayo, que seguirá dándo de que hablar. El Rey, la popular canción mexicana, fue versionada una vez más y luego el escenario pareció vaciarse.
Fue en ese entonces cuando llegó el – por muchos esperado – momento de Álex González. El baterista – catalogado entre los mejores del mundo – sacudió los tambores durante casi 12 minutos en una plataforma móvil que lo trasladaba hacia delante, arriba y abajo, acompañado del calor del fuego y una afición que llegaba a los topes máximos de adrenalina en cada golpe.
Emulando lo ya realizado en el 2011, luego de finalizado el solo de batería, la atención se desvió hacia el medio de los sectores VIP, donde una cama – que fungía de plataforma – era el plató en el que un acústico bastante íntimo y sentido tuvo lugar. Los aclamadísimos Vivir sin aire, Mariposa traicionera, la emotiva historia de El Reloj Cucú, la conocida versión de Si no te hubieras ido (Marco Antonio Solís) y la ranchera Se me olvidó otra vez dieron el toque mexicano a la interpretación. Dos afortunadas fans, una de Argentina (quien fue abucheada al revelar su nacionalidad, lo que motivo a Olvera a invitar a otra más) y una de Pedro Juan Caballero fueron invitadas a subir a la cama junto a los miembros de la banda, quienes les dedicaron Bendita la Luz.
Luego, de regreso al mainstage, los integrantes atravesaron los sectores VIP saludando y estrechando manos con todos lo que estaban al paso. Una vez allí, una movidísima Oye mi amor puso a bailar a todo el estadio, seguida del ya clásico también Labios compartidos.
Tras un brevísimo encore en el que no se dejó de aclamar por otra canción regresan al escenario para cerrar la noche con Oye mi amor.
Fuegos artificiales, millares de papelitos al color de México y un muy sentido: “Aguantan como los guerreros y nos divertimos de puta madre” de labios de Olvera fueron la sentencia de cierre para un show de más de 2 horas de duración, a las 00:30.
Sin dudas, un grupo que ya es de la casa y que ha sabido formar su público, fidelizarlo, mantenerlo y sorprenderlo en cada actuación.