Noche llena de «Paradojas» tras las fuertes dosis de Pastillas

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Poco después de las 21:30, el grupo telonero La Tercera cerraba su presentación. El ambiente estaba preparado y la ansiedad iba consumiendo a cada una de las 1500 que coparon el Rowing Centro Deportivo esa noche. Escasos minutos luego de las 22:00 veíamos ingresar a Piti, Santiago, Diego, Alejandro, Fernando y demás integrantes de Las Pastillas del Abuelo por tercera vez a un escenario en suelo paraguayo.

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El show arrancó al momento, al son de Saber hacer (2015), fiel a como lo había anticipado esa misma tarde en conferencia de prensa Juan «Piti» Fernández. Los gritos no tardaron en aparecer y la multitud – conformada incluso por un gran número de fanáticos venidos desde la Argentina – vibró en señal de aceptación.

Una marcada emoción se dejaba ver en el rostro del vocalista, quien luego de saludar a su gente y recordar sus venidas anteriores, agradeció la energía y prometió que la adrenalina no bajaría hasta el final.

A medida que avanzaba el repertorio por temas de su último álbum – Paradojas – el rock and roll se iba apoderando de la audiencia que no dejaba de corear las letras. Así, el recorrido abarcó «Milagroso Eslabón», “Absolutismos”, “Tantas escaleras”, “La doctora”, “Me juego el corazón”, “Historias” , “Intruso”, “Rompecabezas de amor”, “¿Qué es Dios?”, “Lo que tenga que ser”, “Desde la postura” e “Inercia”.

De pronto, entre cánticos, baile y frenesí, todo se volvió obscuro. Una gigantesca bandera alusiva a la banda estaba siendo desplegada desde el sector de generales hasta lo más cercano al escenario del VIP. Debajo de la misma, el millar de personas congregadas no dejaban de armar la fiesta a la par de documentarla con Snaps, videos, selfies.

La interacción entre Piti y su gente fue constante, acercándose en reiteradas ocasiones a estrechar la mano de los asistentes al VIP, posando al ver cámaras y celulares apuntándolo y hasta dedicando saludos y temas al notar que estaba siendo filmado.

 

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En cierto momento, un fan logró burlar la valla de seguridad y subió al escenario. Tras un efusivo abrazo con el vocalista y Alejando (guitarras) – que, por cierto, ambos devolvieron  con gusto y humildad – el mismo fue retirado del evento por los agentes de seguridad. Tal energía se sentía además on stage, cuando de pronto, un redoble de tambores  nos indicaba que Fernández había ido a «Ayudar» al baterista en este increíble solo.

Las intensamente coreadas “¿Qué pretendo no saber?”, “La creatividad” ,  “Skalipso”, “Viejo karma”, “Ojos de dragón” y “Otra vuelta de tuerca” parecían haber conducido al final de la presentación. Con un «muchísimas gracias por todo el cariño que nos expresaron en esta tercera visita», Piti se despedía y la banda completa se ausentaba de la escena.

Tras un breve encore, los 9 músicos retornaban al show para cumplir la promesa realizada horas antes de tocar «El Sensei», ante el delirio de una muchedumbre que no quería parar de bailar, incluso, luego de exactas 2 horas de show. La temperatura subió aún más cuando el último acorde del Sensei dio paso a un enganchado de otro planeta con el clásico de Vilma Palma, La Pachanga. 

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La despedida esta vez era definitiva, pero la audiencia seguía aclamando por más. Pasados unos 2 o 3 minutos, ya en la oscuridad del escenario, un cenital alumbra la esquina derecha del escenario. En ella, vemos a Piti al mando de una guitarra acústica, quien decidió dar una delicia más al público cerrando el concierto al son de Hombre Mosca. 

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Los gritos de agradecimiento y la bulla cesaron recién unos cuantos minutos después del final, mientras el Rowing, poco a poco, iba vaciándose y el Barrio Las Mercedes retornaba finalmente a su habitual tranquilidad.

 

 

 

 

 

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